Cansa luchar, esperar, empezar de nuevo, cargar preocupaciones, tomar decisiones difíciles y tratar de mantenerse fuerte cuando nadie ve lo que estás enfrentando.
El propósito no siempre aparece como una gran respuesta. A veces comienza como una pequeña luz. Una razón para levantarte. Una persona por la que sigues intentando. Un sueño que todavía vive dentro de ti. Una fe que, aunque se sienta débil, todavía te sostiene. Tu propósito es aquello que le da sentido a tus pasos, incluso cuando el camino no está claro.
Muchas veces pensamos que propósito significa tener todo resuelto. Saber exactamente qué hacer, a dónde ir y cómo llegar. Pero no siempre es así. A veces el propósito se descubre caminando. Se revela en las pruebas, en las pérdidas, en los nuevos comienzos y en las preguntas que nos obligan a mirar más profundo.
Tu propósito no tiene que parecerse al de nadie más. No necesitas vivir para impresionar, competir o demostrar valor. Tu vida tiene un ritmo, una historia y una misión propia. Tal vez tu propósito hoy sea sanar. Tal vez sea aprender a amarte mejor. Tal vez sea cuidar de tu familia, servir a otros, crear algo, compartir esperanza, crecer en silencio o simplemente no rendirte.
